sábado, 11 de marzo de 2017

El movimiento se demuestra andando…

Más de diez años navegando en las oscuras aguas literarias, te permiten tener una perspectiva mucho más amplia de lo que algunos creen e incluso pueden imaginar. Este sector, el de los escritores, es peor que los alrededores de «Las 3000 viviendas» de Sevilla, «La Cañada Real» de Madrid o «Palma Palmilla» en Málaga.
Dicho de otro modo, lo diré claro para que me entienda todo hijo de vecino. En esta jungla te tropiezas desde muertos de hambre, con una mano delante y otra detrás que han autoeditado tarde, mal y nunca un libro mal redactado, que no dice nada ni siquiera en la portada, peor editado, y sin corrección alguna y cuyo autor se cree el rey de mambo, con un ego superlativo y baboso que no le cabe en el cuerpo.  Estamos ante una fauna babosa por naturaleza. Por lo general utilizan el «yo, me, mí, conmigo», y el resto de la Humanidad no existe para ellos. Son mezquinos. Van buscando la gloria, y lo único que se tropezarán es con un golpe de bruces en el suelo seguido de un buen jarro de agua helada vertida por la nuca para intentar que despierten de su estúpido letargo. En el fondo, son felices porque como dice el Premio Nobel, Mario Vargas Llosa «sólo un idiota puede ser totalmente feliz»,
Si sigo mirando a mi alrededor también me tropiezo con quien ha autoeditado pero conoce muy bien el terreno que pisa. Es plenamente consciente que si no camina despacio y atento, puede tropezar en cualquier momento en un lodazal de barro y fango que puede arrastrarlo hasta el mismísimo légamo literario. Por lo general, suele dejarse ver menos, entre otros motivos, porque los primeros son los que más cunden y más dejan escurrir sus babas, sus egos, y notoriedad ególatra.
Esta segunda especie suele ser un poco más humilde, más sencilla, más culta, y sin grandes aspiraciones literarias, que escribe sencillamente, porque le gusta escribe, pero sin ánimo alguno de llegar a lograr éxitos y dádivas divinas. Y si me apuran sin ánimo a buscar quien recompense su silencioso trabajo creativo con la edición de su producción. Suele ser tipo más cercanos, con los que puedes hablar, compartir, charlar, y hasta discutir, que acabas confluyendo y haciendo amistades.
Y, finalmente, hay otro grupo muy numeroso de autores reconocidos, que tienen una trayectoria y carrera literaria consumada. Son un buen puñado de hombres y mujeres, (aunque no muchos) que han hecho del oficio de escribir su modus vivendi. Son escritores que, con varios títulos a sus espaldas en el mercado editorial, tienen su nicho de mercado y, en ocasiones con premios literarios, su vida gira en torno a la literatura. Pero en este burdel también hay de todo: desde el autor que se cree Don Vito Corleone hasta catedráticos de universidad comprometidos, serios, y honestos, que ayudan a quienes están empezando, siendo conscientes de la dificultad real de cualquier comienzo en la vida; especialmente en un sector como el literario, en el que, además de ego, hay una caterva inmensa de cuatreros dispuestos a dejar cadáveres en el camino, con tal de que prevalezca su ego personal y evitando a toda cosa ayudar a nadie si no es cambio de algo.

El movimiento se demuestra andando, tanto en el sector de los noveles que diría Sánchez Dragó, como en el prostíbulo de arriba, en donde las puñaladas no se dan con navajas de mi tierra, sino en eventos organizados en hoteles de cinco estrellas. Que nadie se llame a engaño. La experiencia es un grado. Aquí especialmente.  

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