sábado, 15 de abril de 2017

¡Capitán: mande firmes!

Esta frase pasará a la historia de la política española por haberla pronunciado la primera mujer que accedió al cargo de Ministra de Defensa. Una mujer embarazada que pasó revista a las tropas y que rompió moldes en la milicia con esa otra frase también referida a los ejércitos: «cuanto más se les conoce, más se les quiere».

Carma Chacón se ha marchado abruptamente, en soledad, tan pronto, tan joven… con tantas cosas por hacer todavía. Pero las cardiopatías son traicioneras; no avisan, no dan pistas. Únicamente sentencian. Y decretan para siempre. Como ella misma lo llamaba, ahora todas las miradas se centran en Miquelete que, con apenas nueve años, se estará bañando en un mar de dudas, de incertidumbres y de lágrimas, y por qué al volver su madre de Miami no la volverá a ver jamás. La vida se escribe en reglones torcidos. Siempre, y de manera injusta.

Si una imagen vale más que mil palabras, la imagen de estos días ha sido la de cuatro mujeres, (Susana Diaz, Soraya Sáez, Cristina Cifuentes e Inés Arrimadas) en la sede del PSOE ante los medios de comunicación haciendo auténticos esfuerzos por no llorar ante la pérdida de una amiga. Como decía la propia vicepresidenta del Gobierno, «nos unía una amistad, nos unía una generación, que nos ha abierto mutuamente muchas puertas con independencia de las ideologías». A eso se le llama política. Lo demás son sucedáneos escritos con la pluma del egoísmo y la hipocresía más recalcitrantes.

Cuando desaparece una política de la talla de Carma Chacón y por su capilla ardiente desfilan todos los miembros de un Ejecutivo  siendo de un partido político totalmente opuesto, y todos los líderes políticos (al menos aquellos que tienen la cabeza sobre los hombros) que, por encima de las ideologías entienden que existen políticos de verdad con ganas de construir, y otros con ganas de destruir, piensas que quien marcha ha hecho algo grande para este país.

Carma Chacón puso los pilares de igualdad, modernidad, identidad y mil cosas más dentro de las Fuerzas Armadas. Y hoy, a nadie le extraña que en la cúpula militar o en la Guardia Civil nos encontremos con una mujer que en su uniforme lleve las estrellas de teniente coronel o incluso de coronel. La primera piedra la puso ella misma cuando la entonces Ministra se presentó en el acto de la Pascua Militar desafianza el férreo protocolo con un esmoquin negro y generó una gran polémica. Hoy, aquella foto es un símbolo que se ha quedado grabado en la retina de millones de españolas. Pero Carma era una mujer sabia e intuía que aquel vestuario levantaría polémica. «Me aseguré de que el traje para la Pascua Militar fuera el adecuado», afirmó al respecto.

Así era esta mujer que, con su adiós tan sobrecogedor, ha logrado amansar las turbulentas aguas que se mecían en Ferraz y, sobre todo aglutinar a toda la clase política española. Vamos, todo un ejemplo. Se le recordará. Se le echará de menos. Aunque las hojas de calendario pasen inexorablemente, su sombra y su legado, ahí quedará. Que alguno tome nota de cómo se hacen las cosas por encima de las ideologías.


La imagen de las cuatro políticas intentando mantener el tipo frente a los medios y aguantando la lágrima frente a la amiga que se va es un ejemplo de la buena política. De esa que tanta falta nos hace en España. A ver si cunde el ejemplo sin necesidad de capilla ardiente alguna. 

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